Una visión ficticia del dilema actual, el cual se agrava

El Servicio Postal de EE. UU. se encontraba en una situación financiera desesperada. Los aranceles ya habían causado un gran perjuicio, ya que el tráfico de paquetes postales procedentes de otros países hacia Estados Unidos se había paralizado casi por completo. Las empresas, grandes y pequeñas, que se ganaban el sustento vendiendo las baratijas importadas que solían enviarse en esos paquetes también estaban sufriendo. Algunas ya habían cerrado las puertas de sus negocios. Otras ya habían quebrado.

     El sector turístico también estaba sufriendo, y bastante. El turismo extranjero hacia destinos estadounidenses ya había ido de mal en peor. Algunos extranjeros temían ser detenidos por agentes del ICE debido a su aspecto físico, por lo que optaban por viajar a otros países.

     Según las noticias, eso les había pasado a muchos visitantes. Algunos habían estado detenidos durante días, a veces durante semanas, a pesar de tener visados válidos para entrar a EE. UU.

     Muchos viajeros nacionales al igual le tenían miedo al ICE y a sus agentes, también por su aspecto físico, así que cancelaban sus planes de viaje a los destinos habituales y optaban por quedarse en casa.

     Algunos extranjeros también se quedaban en casa ya que no podían conseguir los visados de turista necesarios. Algunos procedían de países devastados por la guerra o de naciones a las que el actual presidente de EE. UU. había calificado en su día de «países de mierda». Algunos de los extranjeros a los que se les denegó la entrada eran músicos, artistas u otras personas involucradas en eventos culturales.

     Sin embargo, el mayor golpe para la industria del turismo estaba a punto de producirse. Tenía que ver con el mundo del fútbol internacional y con su evento más importante: la Copa del Mundo. En la primavera del dos mil veintiséis, la FIFA, la federación internacional de fútbol, decidió trasladar todos los partidos de la Copa del Mundo de 2026 que estaban programados para disputarse en EE. UU. a los otros dos países anfitriones, a Canadá y México. Lo hizo por diferentes razones, pero la principal tenía que ver con las medidas tomadas por agentes del ICE contra cientos de hombres y mujeres de EE. UU. y de América Latina durante un partido amistoso de fútbol en Chicago.

     Matones enmascarados del ICE irrumpieron en el exterior del estadio mientras se disputaba el partido amistoso previo al Mundial. Por su aspecto físico, los agentes del ICE creyeron que muchas de esas personas se encontraban en el país de forma ilegal, aunque la mayoría eran ciudadanos estadounidenses o extranjeros que habían venido a Chicago con los visados estadounidenses pertinentes para ver jugar a su equipo.

     Cientos de personas inocentes que se habían reunido allí fueron subidas a camiones y trasladadas a centros de detención. Se tardó días, a veces semanas, en liberar a esas almas desafortunadas de la detención.

     Esa redada fue la gota que colmó el vaso. Lo que antes era impensable ocurrió ese día fuera de ese estadio. Pocos días después de esa redada ilegal, la FIFA canceló de forma sumaria la participación de Estados Unidos como anfitrión de la Copa del Mundo de 2026.

     La cancelación de los partidos que estaban programados para disputarse en suelo estadounidense causó pérdidas económicas inimaginables a pequeños y grandes empresarios, a ciudades, a hoteles, a estadios, a restaurantes y a miles y miles de empresas turísticas relacionadas.

     Estados Unidos intentó apelar la decisión, pero fue en vano. Lo que el Gobierno de Estados Unidos y sus agentes del ICE habían hecho, según el organismo organizador de la Copa del Mundo, no solo era inaceptable, sino un acto de ilegalidad por parte del Gobierno estadounidense que nunca se olvidaría. La decisión era irrevocable, comunicó la FIFA a los organizadores del fútbol estadounidense, añadiendo que pasarían décadas, si no al menos un siglo, antes de que Estados Unidos volviera a ser elegido para organizar una Copa del Mundo.

 

 

NOTA: Relato ficticio escrito para alertar a los lectores sobre la situación actual, y que cada vez es más grave en los Estados Unidos de América, una nación que se está convirtiendo en la proverbial república bananera, a manos del delincuente convicto al frente del Gobierno y su círculo de criminales.

—Pedro Chávez, columnista.

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