Algo está podrido en Dinamarca, Dolores. ¿Por qué esperaste tanto tiempo para contarnos lo que César Chávez te hizo? Por aquel entonces, cuando tú, él y otros buscaban formas de crear un sindicato de trabajadores agrícolas.
Para que lo sepas, leí la declaración que hiciste el día en que el NY Times publicó su reportaje de investigación acusando a César de abusar sexualmente de niñas menores de edad y de otras personas, incluyéndote a ti. Lo leí el mismo día que se publicó.
IMAGEN, DERECHA: Dolores Huerta participa en una marcha en Stockton, California, en el verano del año 1988. Foto por Pedro Chávez.
Por cierto, quiero creer la mayor parte de lo que dijiste en esa revelación, pero no lo hago. Solo le doy crédito a una parte, principalmente a lo relativo a tu participación en el movimiento de los trabajadores agrícolas. Puedo dar fe de ello; te vi personalmente muchas veces manifestándote por esa causa, en el Valle Central de California. También te vi caminar kilómetros y kilómetros, en compañía de trabajadores agrícolas y otras personas, protestando por las condiciones inaceptables que había en los campos en aquella época. Protestando y luchando por un mejor trato para los trabajadores, por mejores salarios.
También te oí hablarle a las masas de trabajadores agrícolas, al público en general. Luchando por los derechos de las personas que trabajan en los campos, pero también por los derechos de otros. También oí tus palabras en el Capitolio, en Sacramento, y en otros lugares. En California y en otros sitios.
Hay algo más en lo que también te doy crédito en tu declaración. Es la parte en la que dice que eres una superviviente. Eso, sin duda, es cierto. Pero no el tipo de superviviente que tiene que ver con el abuso sexual; ese asunto sigue en el aire, por lo que a mí respecta. Es tu palabra contra la de otros en lo que respecta a esa acusación. Pero si César te violó, lo siento por ti. De verdad.
Eres una superviviente, no cabe duda y como dije antes. Pero un tipo diferente de superviviente. Del tipo que aguanta y nunca renuncia a un objetivo, a una causa. También del tipo que está dispuesto a soportar las fechorías y los excesos de los demás solo para tener la oportunidad de alcanzar algún día objetivos personales profundamente arraigados. Tú eres ese tipo de superviviente, Dolores. Y te aplaudo por tener esa fortaleza y por ser portadora de esa cualidad personal duradera.
Lo que me preocupa, sin embargo, es el momento en que has hecho pública tu revelación. ¿Por qué mantuviste oculto al público en general durante tanto tiempo el supuesto asunto de abuso sexual? En mi opinión, era necesario revelarlo.
¿Sabías que César se aprovechaba de niñas menores de edad y de otras mujeres para su gratificación sexual personal? Por aquel entonces, en los primeros años del movimiento.
Acá entre nos, algo me dice que lo sabías. ¿Cómo no ibas a saberlo, estando tan cerca de él, de su familia, de su hermano? Y si estabas consciente de las fechorías sexuales de César, de que hacía daño a niñas jóvenes, ¿cómo pudiste mantenerlo en secreto? Algo huele muy mal, Dolores.
La excusa que mencionas en tu declaración, la razón por lo cual te mantuviste callada, no me convence, tengo que decírtelo. Nada es más importante que cualquier otra cosa cuando se trata de encubrir delitos, ni el movimiento de los trabajadores agrícolas, ni nada más.
Te cuento, algo más también me dice que otras personas cercanas a César sabían de su conducta sexual inapropiada. Algunas de las pruebas corroborativas mencionadas en el informe del NY Times apuntan a eso. Y si sus allegados lo sabían, ¿por qué mantuvieron esos actos delictivos en secreto? ¿Fue por motivos personales, para no perder sus puestos de trabajo? ¿O por otras razones egoístas y convenientes?
La aceptación inmediata por parte del sindicato, por parte de la dirección de la UFW, de las conclusiones del reportaje de investigación del periódico sobre las fechorías pasadas de César, me indica en cierta medida que algunas personas cercanas a él eran conscientes de su abuso sexual de mujeres jóvenes y de otras personas. Porque se tomaron en serio las acusaciones de inmediato y las calificaron de «indefendibles» e «impactantes».
Por cierto, esa respuesta me sonó familiar. Me recordó a la película Casablanca, un filme de Hollywood en la que el capitán Renault pronuncia su famosa frase: «¡Estoy impactado, impactado al descubrir que aquí se está jugando al azar!»
Lo sabían, sus allegados, estoy seguro. Sabían de esos repetidos actos delictivos que supuestamente tuvieron lugar entonces, en La Paz, en Delano y quizás en otros lugares, donde César Chávez abusaba de las mujeres a su antojo. Lo sabían con certeza, te lo aseguro. Y tú también, Dolores.
Ese es mi veredicto. Basado en pruebas circunstanciales bastante sólidas. Ojalá fuera diferente, pero no lo es.